«Si cambian las reglas, cambia el juego. ¡Es el coste de oportunidad!»: artículo de Antonio Flores, CEO de Loop

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Seis meses nos dan la suficiente perspectiva para calibrar con eficiencia el impacto de la Covid-19 en nuestra economía y negocios. En este tiempo hemos aprendido a adaptarnos a sus afectaciones y a construir nuevos anclajes de seguridad que nos permiten la tolerancia suficiente para gestionar la incertidumbre que reina en nuestras vidas.

Más allá de los entornos económicos donde uno opera, nadie cuestiona que la Covid-19 es un gran Cisne Negro* disruptivo que ha modificado completamente nuestro marco competitivo y el concepto de lo que previamente considerábamos “excelencia” competitiva.

Me gusta utilizar la analogía del cambio que supuso para la humanidad pasar de una “tierra plana” a una “tierra esférica”. ¿Cuántas personas seguían con estrategias competitivas de tierra plana cuando ya la humanidad conocía que era esférica? Por muy excelentes que fueran sus antiguas estrategias, no conseguirían avanzar. Y, lo más importante, ¿qué nuevas oportunidades estaban dejando pasar por su lectura inapropiada de la situación?

Este ejemplo no refleja uno de los puntos más preocupantes de los movimientos post Covid-19: centrarse y maximizar estrategias competitivas de “tierra plana” cuando ya somos “esféricos”. ¿De qué va a servir establecer procesos de excelencia que ya no tienen valor en el actual contexto?, ¿de qué nos sirve pasar de operar a “performar” y potenciar aún más nuestra operación cuando lo que necesitamos es disrumpir nuestros negocios a partir del nuevo escenario competitivo, apoyándonos en nuestras ventajas naturales?

No existen recetas universales

El post Covid-19 ha traído una revisión de la relación entre empresas, de las dinámicas cliente/proveedor; rompiendo el equilibrio de fuerzas existente entre empresas, banalizando la posición de unas y potenciando otras.

Dentro de este contexto, es sabido que la pandemia ha acelerado la introducción de tendencias, reduciendo el tiempo de su implantación. Es notable el esfuerzo que tanto administraciones como la industria tecnológica están realizando para conseguir que todas las empresas estén digitalizadas, tengan su acceso propio al comercio electrónico y dispongan de una logística que les permitan competir; prácticamente es la “receta universal” post Covid.

Muchos CEO’s se han concentrado en acelerar la implantación de estos procesos, dedicando grandes recursos humanos y financieros con un enorme coste de oportunidad, alejándolos de sus competencias naturales. Compiten con estrategias de “tierra plana” pre Covid-19, abandonando la reflexión de qué deberían hacer con estrategias de “tierra esférica”.

Nuevos liderazgos y servidumbres

¿Alguien espera poder competir mejor digitalmente que los grandes especialistas del comercio electrónico, como Amazon? ¿Serán sus infraestructuras logísticas superiores? Creo que todos tenemos la respuesta: en absoluto. En el mejor de los casos serán unos actores mediocres e igualados con el resto de sus competidores.

Una vez más, ¿cuál ha sido el coste de oportunidad de esta carrera competitiva de tierra plana y receta única? Muy alto, sin duda. Ha restado importantes recursos financieros, ha desenfocado a los equipos en explotar sus ventajas competitivas y, al abandonar el foco del negocio (centrándose en elementos muy importantes pero periféricos), ha conseguido que sean un poco más grises y mediocres que antes de la pandemia.

¿Quién gana? Los grandes competidores que al mismo tiempo son infraestructura (Amazon) y, al mismo tiempo, la industria tecnológica que está inundando el mercado de “herramientas estandarizadas de competitividad” que unifican las soluciones al problema para todas las compañías.

¿Hoy en día alguien consideraría lógico que las compañías construyesen sus propias oficinas, naves industriales o maquinarias? Todos tenemos claro que forman parte de un ecosistema competitivo de subcontratación y especialización. Lo mismo ocurre en la competitividad post Covid-19 de tierra esférica, han aparecido nuevos actores y nuevos sectores que han pasado a ser infraestructura de los negocios y que permiten a las empresas despreocuparse de temáticas relevantes para centrarse en su core business.

Hoy el mundo logístico, el comercio digital, la canalidad y última milla son infraestructuras de especialistas, y ninguna compañía será tan competitiva y excelente como los grandes actores del sector.

La “liberación” del entorno competitivo

¿Imaginan si mañana les “liberasen” de la carrera competitiva por la digitalización, la logística y el comercio electrónico?, ¿que firmando un acuerdo de servicios pudieran eliminar su almacén robotizado, sus flotas, los servidores, el IT dedicado a ello y los call centers que atienden los pedidos? ¿Imaginan que su gente se centrase en aquello que realmente les reconoce su clientela y les aporta credibilidad, dedicando la inversión y coste de oportunidad a temas estructurales de su negocio, bien reflexionados en el post Covid-19?

Lo importante de la digitalización no es pensar cómo optimizarnos más (eso ya lo hace la industria tecnológica); lo verdaderamente importante es reflexionar sobre qué más puedo hacer ahora, en este nuevo entorno digital y post Covid que antes no podía.

El contexto actual requiere de esfuerzos en estrategia y en la revisión/actualización de sus ventajas competitivas; éstas son siempre únicas y originales y son aquellas que van a marcar las distancias en los mercados respecto a sus competidores. El resto, por muy relevante e importante que sea, se puede subcontratar; y todo aquello que se puede pagar no significa una ventaja competitiva sostenible.

La competencia estratégica requiere de análisis y temple, de reflexión profunda y de ideas disruptivas, personales y únicas. Son tiempos de revisar nuestra esencia, de más disrupción y menos excelencia.

*Nassim Taleb (Líbano, 1960) subtitula su obra El Cisne Negro (Editorial Paidós) como “el impacto de lo altamente improbable” y asegura que los humanos nos preocupamos en investigar las cosas ya sabidas, olvidándonos de lo que desconocemos y de imaginar lo imposible. Pues bien, nadie podrá negar que el Covid-19 es un auténtico “cisne negro” al que nos enfrentamos desde lo desconocido.